48 versículos

1 Y viendo las multitudes, subió al monte; y sentándose, sus discípulos vinieron a Él.

2 Y abriendo su boca, les enseñaba, diciendo:

3 «Bienaventurados los pobres en espíritu; porque de ellos es el reino del cielo.»

4 «Bienaventurados los que lloran; porque ellos serán consolados.»

5 «Bienaventurados los mansos; porque ellos heredarán la tierra.»

6 «Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia; porque ellos serán saciados.»

7 «Bienaventurados los misericordiosos; porque ellos alcanzarán misericordia.»

8 «Bienaventurados los de limpio corazón; porque ellos verán a Dios.»

9 «Bienaventurados los pacificadores; porque ellos serán llamados hijos de Dios.»

10 «Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia; porque de ellos es el reino del cielo.»

11 «Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo.»

12 «Regocijaos y alegraos; porque vuestra recompensa es grande en el cielo; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros.»

13 «Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y ser hollada por los hombres.»

14 «Vosotros sois la luz del mundo. Una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder.»

15 «Ni se enciende un candil y se pone debajo del almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa.»

16 «Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en el cielo.»

17 «No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir.»

18 «Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo sea cumplido.»

19 «De manera que cualquiera que quebrantare uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñare a los hombres, será llamado muy pequeño en el reino del cielo; mas cualquiera que los hiciere y enseñare, este será llamado grande en el reino del cielo.»

20 «Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la justicia de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino del cielo.»

21 «Oísteis que fue dicho por los antiguos: No matarás; y cualquiera que matare estará expuesto a juicio.»

22 «Pero yo os digo que cualquiera que sin razón se enojare contra su hermano, estará en peligro del juicio; y cualquiera que dijere Raca a su hermano: estará en peligro del concilio; pero cualquiera que le dijere: Necio, estará en peligro del fuego del infierno.»

23 «Por tanto, si trajeres tu ofrenda al altar, y allí te acordares que tu hermano tiene algo contra ti;»

24 «deja allí tu ofrenda delante del altar, y ve, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda.»

25 «Ponte de acuerdo pronto con tu adversario, mientras estás con él en el camino, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez te entregue al alguacil, y seas echado en la cárcel.»

26 «De cierto te digo que no saldrás de allí, hasta que pagues el último cuadrante.»

27 «Oísteis que fue dicho por los antiguos: No cometerás adulterio.»

28 «Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón.»

29 «Por tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea lanzado al infierno.»

30 «Y si tu mano derecha te es ocasión de caer, córtala, y échala de ti; pues mejor te es que uno de tus miembros se pierda, y no que todo tu cuerpo sea lanzado al infierno.»

31 «También fue dicho: Cualquiera que repudiare a su esposa, dele carta de divorcio.»

32 «Pero yo os digo que cualquiera que repudiare a su esposa, salvo por causa de fornicación, hace que ella adultere; y el que se casa con la divorciada, comete adulterio.»

33 «Además, oísteis que fue dicho por los antiguos: No perjurarás; mas cumplirás al Señor tus juramentos.»

34 «Pero yo os digo: No juréis en ninguna manera; ni por el cielo, porque es el trono de Dios;»

35 «ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey.»

36 «Ni por tu cabeza jurarás, porque no puedes hacer blanco o negro un solo cabello.»

37 «Mas sea vuestro hablar: Sí, sí: No, no; porque lo que es más de esto, de mal procede.»

38 «Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo, y diente por diente.»

39 «Pero yo os digo: No resistáis el mal; antes a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra;»

40 «y a cualquiera que te demande ante la ley y tome tu túnica, déjale tomar también la capa;»

41 «y cualquiera que te obligue a ir una milla, ve con él dos.»

42 «Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no le rehúses.»

43 «Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo.»

44 «Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen;»

45 «para que seáis hijos de vuestro Padre que está en el cielo; porque Él hace que su sol salga sobre malos y buenos; y envía lluvia sobre justos e injustos.»

46 «Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también así los publicanos?»

47 «Y si saludáis solamente a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen también así los publicanos?»

48 «Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en el cielo es perfecto.»